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CUANDO MI CORAZÓN CALMA

Una alianza para un divorcio de los padres con buenos tratos

José Luis Gonzalo Marrodán

 

Cuando mi corazón calma

Una alianza para un divorcio de los padres con buenos tratos

© 2020 José Luis Gonzalo Marrodán

Directora de colección: Mercedes Bermejo

Directora de producción: M.ª Rosa Castillo

Correctores: Manel Fernández y Anna Alberola

Maquetación: cuantofalta.es

Diseño de la cubierta: ENEDENÚ DISEÑO GRÁFICO

Las imágenes de las páginas 133, 145, 154, 176 y 177 están extraídas del Senticuento Cuando mi corazón tiembla, cuyo autor es José Luis Gonzalo Marrodán y la ilustradora es M.ª Jesús Santos Heredero.

© 2020 Editorial Sentir es un sello editorial de Marcombo, S. L.

Avenida Juan XXIII, n.º 15-B

28224 Pozuelo de Alarcón. Madrid

www.editorialsentir.com

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra».

ISBN: 978-84-267-3204-0

Producción del ePub: booqlab

CUANDO MI CORAZÓN CALMA

Una alianza para un divorcio de los padres con buenos tratos

José Luis Gonzalo Marrodán

AGRADECIMIENTOS

Quiero dedicar este libro con todo cariño a Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan. Aquel maravilloso e inolvidable 23 de agosto de 2004, en Barcelona, me seleccionaron para cursar lo que con el tiempo ellos denominaron Postgrado en Traumaterapia Infantojuvenil Sistémica. Jorge y Maryorie me formaron como persona y como profesional, influenciaron positivamente mi identidad y me imbuí de su paradigma de los buenos tratos a la infancia.

Mi vida y mi práctica profesional se transformaron profundamente. Mi mirada sobre mí mismo y sobre los niños empezó a ser mucho más comprensiva, empática y compasiva. Con su integrador modelo de intervención en traumaterapia aumentó mi competencia profesional. Si no nos hubiésemos conocido, yo no sería lo que soy, ni este libro estaría ahora entre sus manos.

Con afecto también, quiero dedicar este libro a mis amigos y colegas con los que comparto la aventura de la traumaterapia y que forman parte de mi vida: Rafael Benito, Cristina Herce, Tatiana Cáseda, Ivan Rodríguez y María José Gorrochategui.

Este libro es un homenaje que rinde tributo a todo lo que estas personas me han aportado, pues gracias a ellas he encontrado un vínculo y un sentido a la vida.

Siempre hay un lugar en mi corazón, además, para mi familia y para mis amigos Alberto, Cristina y mi ahijada Janire, a quien le doy las gracias por el dibujo que me ha regalado para ilustrar este libro.

Mi agradecimiento también a M. porque creó un expresivo grafiti, y a los niños y niñas que cedieron sus dibujos para ilustrar este libro.

No me puedo olvidar de dar las gracias a M., porque amablemente nos ha contado su historia de divorcio con buenos tratos.

Por todo ello, a todos y todas, muchas gracias de corazón (empatía), algo que nos convierte en humanos.

José Luis Gonzalo Marrodán

Illustration

Equipo del Postgrado de Traumaterapia Infanto-juvenil Sistémica de Barudy y Dantagnan y miembros de la Red Apega, junto con Norka Malberg, en Vilanova i la Geltrú, celebrando el II Encuentro de Profesionales (20 de octubre de 2018).

NOTA DEL AUTOR

Como profesionales concienciados y comprometidos con la igualdad de género y, por lo tanto, con el uso de un lenguaje igualitario, queremos aclarar que el uso del artículo neutro en la redacción de este cuento se debe a la finalidad de ofrecer una lectura más ágil y fácil para todos y todas. No obstante, los animamos a adaptar los textos al género del lector.

«En los procesos de separación influyen muchos elementos, pero lo más importante es que a los padres y madres que hacen sufrir a los hijos les fallan las capacidades básicas» (Jorge Barudy).

«El neurodesarrollo no espera» (Rafael Benito).

«Una psicoterapia no puede reemplazar el derecho de un niño a ser protegido y a contar con al menos una persona que satisfaga sus necesidades y crea en él» (Maryorie Dantagnan).

Illustration

Abiungere
Janire Barbero Guerrero

Índice de contenidos

1. Introducción

PRIMERA PARTE

Los fundamentos de la parentalidad bientratante como amortiguadores del impacto que la separación de los padres tiene en los hijos (o de cómo mantener los buenos tratos en los procesos de separación o divorcio)

2. Los buenos tratos a la infancia, claves para un sano desarrollo y para el bienestar infantil

2.1 Qué logran los buenos tratos

2.2 La parentalidad bientratante depende de las competencias parentales

2.3 Fuentes de la parentalidad bientratante

2.3.1 La capacidad parental para vincular con las crías depende de la historia temprana de apego

2.3.2 La empatía, una capacidad parental fundamental

2.3.3 Los modelos de crianza

2.3.4 La participación en redes psicosociales de apoyo

2.3.5 La resiliencia

2.4 Consecuencias del divorcio de los padres en los hijos: perspectiva desde el trauma complejo y el neurodesarrollo cuando existe conflicto y/o malos tratos

2.4.1 El papel decisivo de las relaciones en el neurodesarrollo del niño

2.5 Las necesidades infantiles

SEGUNDA PARTE

Guía para ayudar a reflexionar y apoyar a los padres en el proceso de separación o divorcio desde el paradigma de los buenos tratos a la infancia

3. Nos vamos a separar, pero seguimos unidos como padres

4. Antes de la separación: qué tener en cuenta

4.1 La percepción de que los padres no se llevan bien (o hay distancia y vacío entre ellos, o «no se llevan») los niños la empiezan a neurocibir desde antes de que los padres comuniquen (expliciten) que se separan

4.2 Debemos comunicar (a ser posible los dos progenitores) la noticia de la separación. Qué debemos comunicar o contenido de la comunicación

4.3 Si hay un acuerdo logrado por mediación familiar

4.4 Si los padres han de recurrir a juicio

4.5 Ya hay un acuerdo o sentencia en firme. Comunicar cuándo se hace de facto la separación

4.6 Tener en cuenta la edad evolutiva de los niños. La vivencia de la separación y la comprensión por etapas evolutivas

4.7 Los cambios que les esperan y de qué manera los padres se van a organizar para satisfacer sus necesidades: dónde vivirán y con quién, tiempos de relación con el otro progenitor y disponibilidad de los dos progenitores al margen de que uno u otro (o los dos) tenga la tutela. Aspectos relacionados con el colegio, los amigos, las normas, los hábitos y rutinas…

4.8 Asegurar que los padres van a seguir involucrados y que no se les va a abandonar en absoluto

4.9 Proporcionar una narración que dé sentido a lo que han vivido y que desculpabilice

4.10 Es normal que pregunten muchas veces las mismas cosas y que les lleve un tiempo asumir la nueva realidad, con posibles retrocesos

5. Cómo comunicar la separación

5.1 No puede ser un «bla bla bla» adulto; hay que poner hemisferio derecho

5.2 Elegir el momento; el timing es importante

5.3 La importancia de atender al «choque» y a las reacciones del sistema nervioso del niño para que lo que se comunique no impacte traumáticamente. Señales de que la separación es traumática

5.4 Utilizar cuentos, metáforas y otros recursos simbólicos que no sean las palabras o que las apoyen

5.5 Validar el mundo emocional del niño

5.6 Mostrar empatía

5.7 Estar atentos a la evolución del niño y recogerle emocionalmente, aunque no por ello hemos de tolerar conductas que le hagan daño a él o a los demás

6. Cuando hay rupturas pre y postraumáticas

6.1 Separación brusca y violenta de los padres

6.2 No se habla de lo que se siente, mejor callados

6.3 El abandono de uno de los progenitores (o de los dos)

6.4 La traumaterapia infanto-juvenil sistémica como modelo terapéutico adaptado al sufrimiento infantil

6.5 Apoyar la resiliencia: vínculo y sentido

6.6 No todo lo que trabajemos con el niño lo veremos ahora. Hace falta una vida para poder elaborar traumas complejos

7. Qué tenemos que cuidar como padres después de la separación

8. Cuando un progenitor tiene nueva pareja

9. El divorcio de los padres en niños acogidos y/o adoptados

9.1 Familias acogedoras

9.2 Familias adoptivas

10. La crisis del coronavirus, posible factor traumático para las familias

10.1 Familia, divorcio y coronavirus

11. Vivencia: un divorcio con buenos tratos

12. Referencias

PRÓLOGO

Conviene señalar que el libro que tiene en sus manos incorpora a lo largo de sus páginas una perspectiva de infancia. Es decir, contempla una visión que promueve lograr un mundo más amable para nuestros pequeños héroes, la infancia, la eterna población invisible para nuestra sociedad adultocrática, donde las decisiones y actuaciones se analizan desde una perspectiva adulta, sin tener en cuenta a nuestros pequeños. Por ello, es un enorme honor y orgullo para mí escribir el prólogo de este libro.

En primer lugar, por mi gran admiración hacia José Luis Gonzalo Marrodán, que a través de su perseverante trayectoria profesional a favor del buen trato hacia la infancia ha logrado sensibilizar, directa e indirectamente, a nuestra sociedad. Muchas personas hemos conocido a José Luis a través de su conocido blog buenostratos.com, o a través de sus libros, o en sus charlas, formaciones o conferencias… Y ninguno nos hemos quedado indiferentes al leerle o escucharle. José Luis Gonzalo logra dejar una huella en nuestra mirada a la infancia, y desde la infancia.

Ese es el principal objetivo de este libro, promover una parentalidad bientratante en los procesos de separación y divorcio, que sin una adecuada gestión deja secuelas psicológicas y emocionales en los más pequeños. Ya Andolfi (1989) consideraba que las necesidades insatisfechas en las relaciones con los miembros significativos de la familia de origen quedan impresas en cada persona, y Framo (1996) destacaba que en las relaciones íntimas del presente ejercen una influencia decisiva las fuerzas transgeneracionales ocultas. Por ello es fundamental la prevención y promoción de la salud mental infantojuvenil a través de la familia.

Es destacable mencionar que casi la mitad de los problemas de salud mental tienen su inicio en la infancia o adolescencia; por tanto, el diagnóstico y tratamiento en etapas precoces es una valiosa oportunidad de mejorar el pronóstico de las enfermedades mentales (Kessler et al 2005; Parellada 2013). Para ello, el autor comparte en estas páginas estudios, datos, testimonios, experiencias, consejos, ejemplos y herramientas para que tanto profesionales como padres y madres podamos prevenir e intervenir adecuadamente en estas situaciones, muchas veces inevitables, otras incluso necesarias.

Por consiguiente, le animo a que lea esta guía con atención, calma y disposición a incorporar esta bonita perspectiva que José Luis Gonzalo, con tanta generosidad, nos brinda, promoviendo habilidades de crianza, de afectividad y de comunicación emocional. Sabemos que la calidad de las primeras experiencias de apego con personas significativas, y con una respuesta sensible, van a determinar el desarrollo de la personalidad de las personas.

El autor también ha querido revisar y adaptar el contenido de este libro a la situación actual que estamos viviendo como sociedad, en tiempos de COVID, para que los estragos del post COVID-19 generen el menor impacto emocional en nuestra infancia. En el año 2000, tuve la oportunidad de colaborar en una investigación en la Universidad de Berkeley1, donde ya se prestaba importancia a la mirada incondicional para generar vínculos reparadores, donde el menor puede mejorar su rendimiento y aprendizaje. En este libro nuestro querido Jorge Barudy también destaca la relevancia del rol «tutor resiliente», que muchas veces nos toca desempeñar como profesora, maestra, tía… y, por supuesto, como psicoterapeutas.

El 9 de junio de 2020 se aprobó en el Consejo de Ministros el anteproyecto de la Ley de Protección Integral de la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia, que los profesionales de la infancia venimos pidiendo desde 2015. Consiste en un Proyecto de Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia, que trata de dar respuesta a la obligación de protección de las personas menores de edad establecida en la Convención sobre los Derechos del Niño (adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989 y ratificada por España en 1990), en el artículo 3 del Tratado de Lisboa y en el artículo 39 de la Constitución Española. A través de este proyecto esperamos que la sociedad disponga de los recursos necesarios para proteger a la infancia de situaciones traumáticas, de maltrato, violencia directa o indirecta, y desamparo.

En segundo lugar, escribo este prólogo también con gran ilusión y emoción, ya que se trata del primer título de la colección Sentilibros, una colección que la editorial Sentir lanza para dar respuesta a los adultos que solicitan orientación, pautas y herramientas para poder manejar diferentes situaciones a las que la infancia se enfrenta a lo largo de su desarrollo evolutivo emocional. Además, la editorial también ofrece diferentes colecciones de cuentos2 para los más pequeños, entre los que recomiendo Cuando mi corazón tiembla, del que José Luis también es autor. Desde la editorial se ha querido seguir apoyando a la infancia a través de estos títulos que abordarán diferentes temáticas y especialidades por parte de profesionales de reconocido prestigio, para seguir difundiendo el buen trato a la infancia.

Teniendo en cuenta que el 75 % de los problemas de salud mental en la edad adulta tuvieron su inicio en la edad escolar o adolescente (Costello, et al., 2006), cada día que pasa es un día de retraso que no estamos viendo, reconociendo y legitimando a los niños y niñas.

Es una responsabilidad social hacer llegar esta perspectiva de infancia a los adultos que puedan necesitarlo, quienes probablemente tampoco recibieron esa mirada bientratante que José Luis Gonzalo ampara en cada una de sus páginas. Cuidemos a nuestra infancia; no son el futuro, son el presente.

Mercedes Bermejo Boixareu

Presidenta del Instituto Madrileño de Sistémica Infantojuvenil y otros Sistemas Humanos

 

1 University of California. Anne Cunnigham. University Avenue, Berkeley, CA. (Oct.- My 2001) Research on the relationship of the early acquisition of reading in the child with respect to the knowledge of teachers.

2 Senticuentos, Crecicuentos, Neuricuentos, Neuroaventuras.

1

INTRODUCCIÓN

Si algo he aprendido a lo largo de mi vida profesional —en especial desde que tuve la dicha de conocer a mis maestros y mentores, el doctor Jorge Barudy y la psicóloga Maryorie Dantagnan— es el poder que tienen los buenos tratos para favorecer un adecuado desarrollo y asegurar el bienestar infantil. Y, a la inversa, las devastadoras consecuencias que los malos tratos tienen sobre el cerebro, mente y cuerpo en desarrollo de los niños. El mundo adulto a menudo ignora que estos son seres humanos y que tienen derechos1.

Una de las situaciones más dolorosas, e incluso traumáticas, que los niños sufren es el divorcio de los padres. Tenemos datos para la alarma, pues, por ejemplo, desde 2010 hay aproximadamente el mismo número de nuevos matrimonios que de separaciones. En la actualidad, se calcula que cada 3-4 minutos hay una ruptura de pareja.

Las investigaciones realizadas por Judith Wallerstein (2018)2, psicóloga experta en temas de divorcio, reportan los siguientes resultados:

El cuarenta y uno por ciento (41 %) de los hijos de padres separados son temerosos, agresivos, tienen baja autoestima y presentan dificultades en su comportamiento o desempeño escolar. Solo un cuarenta y cinco por ciento (45 %) de los niños superan satisfactoriamente el divorcio de sus padres.

El cincuenta por ciento (50 %) de las mujeres y el treinta por ciento (30 %) de los hombres continúa siendo agresivo con su expareja después del divorcio.

Durante el primer periodo del divorcio, los padres tienen menos tiempo disponible para compartir con sus hijos y están emocionalmente menos capacitados para apoyarlos y disciplinarlos.

En España se producen casi siete rupturas por cada diez matrimonios, lo que supone una ratio muy superior a la media europea, que no llega a cinco. A ello contribuye el hecho de que cada vez se celebran menos matrimonios —de 5.4 matrimonios por cada mil habitantes en el 2000 se ha pasado a 3.4 en 2014— y se tramitan más divorcios —la cifra se ha duplicado en los últimos diez años—, según pone de manifiesto el último informe sobre la evolución de la familia en España que ha presentado el Instituto de Política Familiar (IPF).

El diario ABC, por su parte, en septiembre de 2018, publicaba que, cada vez en número más creciente, los padres separados mantienen un conflicto permanente que provoca que tengan que recurrir a los juzgados para plantear disputas que ellos mismos no son capaces de resolver: «los “jueces están actuando como terceros padres” y se está produciendo un “colapso” de los juzgados especializados en Familia y de Instancia. Así lo afirma la presidenta de la Asociación Española de Abogados de Familia (AEAFA), María Dolores Lozano, quien asegura que está teniendo lugar una “judicialización de la vida familiar y cotidiana”. En los últimos años, denuncia esta letrada, “se está poniendo en evidencia una constante dificultad de los progenitores a la hora de ejercer y tomar decisiones en la patria potestad”.

»Se trata, en todos los casos, de asuntos con un cierto grado de desacuerdo entre los padres que, a falta de intentar su resolución en la vía extrajudicial, motivan el inicio de un procedimiento judicial. “Cada vez es más habitual que se produzcan desavenencias por la elección del centro educativo en el inicio del curso escolar, en la toma de decisiones que implican un gasto (como son las actividades extraescolares de los hijos) o por asuntos donde subyace un componente ideológico o religioso (como la realización de la primera comunión o atender a catequesis), así como decisiones que impliquen un cambio de residencia de los hijos para trasladarlos de localidad e incluso de país”, explica la presidenta de AEAFA».

Estos preocupantes datos ponen sobre la mesa la urgente necesidad que nuestra sociedad tiene de concienciarse y hacer una alianza para lograr divorcios con buenos tratos. Hoy en día, teniendo en cuenta que las cifras dicen lo contrario, parece una quimera tener como objetivo que una ruptura de pareja y un proceso de divorcio se hagan en un clima de buen trato. Sin embargo, creo que el reto de los políticos responsables del área social y/o de la salud debería ser el diseño y la realización, con el asesoramiento de expertos en el área, de un ambicioso plan de prevención e intervención en estas situaciones para acompañar a las familias y proteger a los niños cuyos padres se divorcian, en especial a aquellos cuyos procesos de separación pueden entrar en una dinámica de conflicto perpetuo. Si no hacemos nada, es posible, a tenor de las cifras, que en un futuro los adultos de nuestra sociedad sean más vulnerables psicológicamente, con lo que ello supone para el bienestar de las futuras generaciones y las repercusiones que a nivel sociosanitario puede conllevar.

Mientras esto llega, los profesionales que trabajamos con las familias en distintos ámbitos (educativo, atención primaria, salud mental…), tanto públicos como privados, tenemos que contribuir para lograr que los divorcios estén presididos por los buenos tratos. Con este fin, la Editorial Sentir ha publicado una colección de cuentos (colección Senticuentos) para niños, entre los que se incluye uno destinado a ayudarlos a comprender la separación de sus padres: Cuando mi corazón tiembla, del cual soy autor. El sustento científico en el que me he basado para elaborar este cuento ha sido la necesidad de mirar en el interior del niño y la capacidad de ponernos en su lugar, es decir, de mostrar empatía suficiente para conectar con la vivencia y representación interna que este hace de una situación de divorcio de los padres. Del mismo modo, en el cuento se subraya la enorme importancia que para los niños tiene que sus padres sean responsables y mantengan el vínculo afectivo con ellos, satisfaciendo sus necesidades y estando presentes en sus vidas (para los deberes, jugar, hablar, ayudarlos en sus problemas, divertirse, pasar tiempo juntos, acompañar o estar con la persona menor de edad para brindarle apoyo y afecto, que son necesidades igual de importantes que las fisiológicas). El mensaje del cuento es que, aunque te separes de tu pareja, de los hijos no te puedes ni debes separar; al final se incluyen orientaciones para los progenitores.

Con el objetivo de seguir contribuyendo en la mejora de los procesos de separación y divorcio de los padres y, en consecuencia, beneficiar a los niños, la editorial y yo volvemos a colaborar con lo que pensamos que falta después del cuento para niños: un libro para los padres (dentro de la colección Sentilibros). Lo hemos titulado Cuando mi corazón calma, pues somos conscientes de que los mencionados padres tienen en sus manos la posibilidad tanto de prevenir separaciones que sean traumáticas como de revertir y redirigir las que ya estén transcurriendo por cauces que rocen lo traumático. De este modo, podrán reparar lo que esté siendo tóxico para los niños y minimizar el impacto que los efectos negativos del divorcio tiene sobre los chicos, especialmente si es conflictivo y entra en dinámicas de maltrato.

Cuando mi corazón calma es un libro del que pueden beneficiarse también los profesionales que trabajen en el área o se interesen por la misma (trabajadores sociales, psicólogos, médicos, psiquiatras, educadores, maestros, abogados, terapeutas…). Ofrece una visión comprensiva del tema del divorcio de los padres y se fundamenta en el paradigma de Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan3 de los buenos tratos a la infancia y las competencias parentales como garantes de un divorcio lo más saludable posible para los niños. Dicho paradigma se nutre, a su vez, de la evidencia científica que nos aportan los descubrimientos de la neurobiología interpersonal, el estudio del trauma y la teoría del apego.

El divorcio de los padres es una adversidad que puede acontecer en la vida de los niños. Aunque con ello dejan de convivir con padres enfrentados o en conflicto, y es bueno para ellos no presenciar y sufrir constantemente sus disputas, no deja de ser una pérdida en sus vidas que han de elaborar. Además, la ruptura puede traer consigo otros eventos estresantes que los niños tienen que padecer, como por ejemplo:

Alteración o trastorno emocional de los padres que afecte a su disponibilidad hacia los hijos.

Conflicto perpetuo de los padres y judicialización de la separación.

Manipulación de los hijos por parte de los progenitores.

Abandono por parte de uno de los progenitores.

Uso del niño o joven como figura confidente y de apoyo de uno de los progenitores.

Parentificación de los hijos (se los obliga a desempeñar un rol adulto que no les corresponde como personas menores de edad).

Cambios de residencia, de barrio e incluso de colegio.

Cambios de rutinas, rituales y vida familiar habitual.

Negligencia de uno (o de los dos) progenitores al no cumplir con las obligaciones de su rol parental.

Visitas o relación con una figura parental incompetente en las que se pone en riesgo la seguridad de la persona menor de edad y su bienestar físico y psicológico.

Todo esto conlleva que las necesidades de los hijos no se vean satisfechas y que estemos hablando de un divorcio con malos tratos para los niños, algo bastante frecuente según las cifras que hemos referido con anterioridad. De ahí la relevante trascendencia que, a juicio del autor, tiene la valoración de las competencias parentales en los divorcios de los padres, cuestión que aún no está extendida en los equipos de valoración de los juzgados de familia.

El divorcio de los padres es duro para las personas menores de edad y les va a afectar siempre, generándoles dolor. Los niños y adolescentes mostrarán los efectos del impacto de la separación y sus consecuencias, y el duelo por la pérdida, de maneras diferentes según sus características y etapa evolutiva: con síntomas internalizantes (depresión, culpa, ansiedad…) o externalizantes (rabia, problemas de conducta, hacerse pis en la cama, consumir sustancias, agresividad…). Con todo, si los padres son competentes parentalmente y se implican llevando adelante una parentalidad bientratante durante el proceso de separación y después del mismo, el duelo podrá elaborarse y se integrará bien en la biografía del niño o joven, el impacto del divorcio será menor y no aparecerán síntomas —o, si estos se dan, lo harán con una frecuencia e intensidad leve o moderada—. Si, por el contrario, estamos ante un escenario de padres con incompetencias parentales (Barudy y Dantagnan, 2010)4 y los niños sufren maltrato, negligencia o abandono en diversos grados, las personas menores de edad serán sometidas a estrés crónico. Dicho estrés tiene poder para alterar de modo permanente el funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso, además de estar asociado al padecimiento de numerosos trastornos y enfermedades físicas y psicológicas. Cuando mi corazón calma ofrece al lector una perspectiva novedosa —desde el trauma y el neurodesarrollo— del impacto que el divorcio conflictivo y maltratante tiene sobre los niños y jóvenes. Las secuelas que un divorcio de estas características puede dejar en los niños están bien recogidas en la literatura científica, y sobre ellas hablaremos detenidamente en este libro.

Illustration

Figura 1.1 La rabia es una emoción frecuente en los niños cuando sus padres se divorcian. Este niño de diez años la expresó mediante este dibujo de un reptil agresivo llamado «Titán».

Cuanto antes comience el estrés de la separación y/o del maltrato que pueda existir en la familia, más vulnerable será el niño, pues será más dependiente de los padres para lograr una sensación interna de calma y seguridad (Bowlby, 1989)5 . Además, durante los primeros años de desarrollo (especialmente de cero a dos años) el niño precisa de un entorno rico en afecto y estimulación, con pocas variaciones en el entorno, con rutinas y estructura familiar estables y predecibles. Esto es así debido a que el cerebro sufre una importante transformación y reorganización durante ese periodo de tiempo, tal y como ha referido Benito (2019)6. La teoría del apego, cada vez más extendida, ofrece un marco comprensivo insoslayable sobre la enorme trascendencia que para la salud mental del niño o joven tiene cuidar el vínculo de apego, aunque los padres se separen. Este libro es una modesta aportación en ese sentido, habida cuenta de que el apego es una necesidad de primer orden.

Por ello, hemos estructurado este libro siguiendo esta lógica: para poder ser padres conscientes de lo que está en juego cuando se vive un divorcio, dedicamos la primera parte de esta obra a exponer por qué son tan necesarios los buenos tratos, pues de estos depende que un niño alcance un óptimo desarrollo y se proyecte a futuro como un adulto psicológicamente equilibrado, responsable y capaz de tratar bien a los demás. Por ello, explicaremos en qué consiste una parentalidad bientratante y qué son las competencias parentales. Seguidamente, expondremos por qué puede ser negativa —e incluso nefasta— para las personas menores de edad una separación conyugal conflictiva, violenta o negligente. Podría verse afectado nada más y nada menos que el neurodesarrollo del niño.

En la segunda parte, con este escenario sobre el cual sustentar la intervención, me detendré en cómo hacer que el divorcio de los padres sea doloroso pero no traumático. Proporcionaré una guía —desde el paradigma de los buenos tratos— sobre qué podemos hacer como padres antes, durante y después de la separación para que los niños y jóvenes puedan atravesar esta adversidad, apoyándose en los adultos y desarrollando recursos que les permitan afrontarla. Expondré también qué ocurre cuando hay rupturas pretraumáticas (ya generan trauma en sí como sucesos) y postraumáticas, y qué podemos hacer para ayudar a los niños en esas situaciones tan duras. Finalmente, ofreceré el testimonio de una persona que se divorció y trabajó para conseguir, junto con su expareja, un divorcio con buenos tratos. Pienso que las experiencias de las personas le dan todo el sentido y credibilidad a lo que decimos los profesionales; sin ellas, este trabajo quedaría cojo e incompleto.

Toda separación o divorcio de los padres es un conflicto. Conflicto que se debe manejar y abordar, porque no es tanto el conflicto en sí, como que este pueda resolverse, negociarse y gestionarse dentro de un clima de buenos tratos para todos. A lo largo del libro utilizo la palabra «conflicto» para referirme con ello a los divorcios más negativos y tóxicos. La palabra «conflicto» significa desacuerdo u oposición, pero también tiene la acepción de guerra o combate derivados de una oposición o rivalidad prolongadas. En el libro utilizamos ambos significados; dependiendo del contexto semántico, estaremos refiriéndonos al «combate entre los padres» en el cual el niño sale perjudicado o al «desacuerdo u oposición» que existe entre ambos al divorciarse.

Los padres competentes cometen errores en su crianza, pueden incluso reproducir los modelos transmitidos por la generación anterior, y necesitan aprender habilidades y recursos y reorganizarse tras la ruptura de pareja. Pero antes, durante y tras esta pueden reflexionar (e incluso cambiar los modelos inadecuados de la generación anterior), expresar las emociones, comunicarse, resolver los problemas y compartir una parentalidad responsable y bientratante mediante acuerdos en los que prime el interés superior del menor. Porque son padres que tienen capacidad parental suficiente7 y, por tanto, pueden manejar el divorcio poniéndose en la piel de sus hijos, manteniendo el vínculo con ellos de una manera sensible y dándoles seguridad, sabiendo el dolor y el estrés que les genera un suceso de este tipo. No queremos padres perfectos —no existen—, sino padres conscientes y dispuestos a reflexionar. Padres que cometan errores, pero que también den lecciones importantes de reparación a sus hijos en estas situaciones8.

Por ello, bienvenidos padre y/o madre a este libro, si lo tiene en sus manos y está hojeando estas líneas. Si busca literatura de este tipo, es que ya conecta emocionalmente con usted mismo, con lo que siente y con lo que pueden sentir sus hijos, cuando piensa en separarse o si ya se ha separado. Si es profesional de las ciencias sociales, educativas o de la salud, creo que este también puede ser su libro, y en él puede encontrar un enfoque comprensivo y útil del sufrimiento infantil causado por los divorcios o separaciones de los padres, sobre todo cuando entran en un perpetuo conflicto.

Espero que se convierta en una herramienta válida y en un faro seguro que guíe su caminar como padre o madre y/o profesional.

La Granja de San Ildefonso, a 6 de diciembre de 2019

 

1 La Convención sobre los Derechos del Niño son 54 artículos que recogen los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos de todos los niños. Su aplicación es obligación de los gobiernos, pero también define las obligaciones y responsabilidades de otros agentes como los padres, profesores, profesionales de la salud, investigadores y los propios niños y niñas. (Fuente: www.unicef.es).

2 Wallerstein, J. y Blakeslee, S. (2018). Second Chances: men, women and children, a decade after divorce. Orion Hardbacks.

3 Barudy, J. y Dantagnan, M. (2010). Los desafíos invisibles de ser madre o padre. Manual de evaluación de las competencias y la resiliencia parental. Barcelona: Gedisa. Nota del autor: sobre qué son las competencias parentales y su trascendencia en el desarrollo de los niños hablamos en el epígrafe siguiente.

4 Barudy, J. y Dantagnan, M. (2010). Los desafíos invisibles de ser madre o padre. Manual de evaluación de las competencias y de la resiliencia parental. Barcelona: Gedisa.

5 Bowlby, J. (1989). Una base segura: aplicaciones clínicas de la teoría del apego. Barcelona: Paidos Ibérica.

6 R. Benito (comunicación personal, 30 de noviembre de 2019).

7 Nota del autor: padres capaces son, como veremos, aquellos con unos niveles medios de empatía y una historia de apego seguro o ganada a la seguridad. Son padres y madres que pueden reflexionar y ser conscientes de la trascendencia que tiene el rol parental en la crianza, desarrollo y bienestar de los niños.

8 Siegel, D. (2014). Tormenta cerebral. El poder y el propósito del cerebro adolescente. Barcelona: Alba Editorial.

PRIMERA PARTE

LOS FUNDAMENTOS DE LA PARENTALIDAD BIENTRATANTE COMO AMORTIGUADORES DEL IMPACTO QUE LA SEPARACIÓN DE LOS PADRES TIENE EN LOS HIJOS (O DE CÓMO MANTENER LOS BUENOS TRATOS EN LOS PROCESOS DE SEPARACIÓN O DIVORCIO)1

 

1 Nota del autor: algunas personas me han dicho que esto es casi una utopía. Yo, no obstante, creo en ello y pienso que es posible si los adultos conectan emocionalmente con los efectos que las separaciones o divorcios maltratantes tienen sobre los niños, y si son conscientes de que los buenos tratos son la garantía de un sano desarrollo infantil. Como dice mi admirado cantautor Luis Eduardo Aute: «no renuncio a mi incurable desvarío de besos y quimeras». La separación de los padres conlleva dolor, pero con padres competentes este dolor puede amortiguarse. Los padres pueden actuar calmando, segurizando y conteniendo a los hijos en el proceso de asimilación de la ruptura. Esto es un divorcio con buenos tratos. Pero si hay conflicto y/o malos tratos, tendrá unos efectos negativos en los hijos, sobre todo si estos malos tratos se perpetúan.

2

LOS BUENOS TRATOS A LA INFANCIA, CLAVES PARA UN SANO DESARROLLO Y PARA EL BIENESTAR INFANTIL

2.1 QUÉ LOGRAN LOS BUENOS TRATOS

Tal y como mis profesores Barudy y Dantagnan (2005)1 han desarrollado ampliamente, el paradigma de los buenos tratos, avalado por la investigación científica en neurociencia, postula que estos «aseguran el buen desarrollo y el bienestar infantil y son la base del equilibro mental de los futuros adultos y, por tanto, de toda la sociedad».

Cuando los padres son competentes y, en consecuencia, mantienen unas interacciones sanas y positivas con sus hijos, logran una dinámica familiar afectiva y cohesiva entre todos los miembros de la familia, con capacidad para la empatía, para expresar las emociones, resolver los problemas y participar de los recursos y redes comunitarias. En este contexto es posible un desarrollo psicomotor, cognitivo, afectivo y relacional sano en los niños y niñas, y el desarrollo de una personalidad capaz de responder con empatía, mentalización2 (Fonagy et al., 2002), solidaridad y altruismo a los desafíos de la existencia infantil y, más tarde, de la adulta. Además, estos padres no solo aseguran el bienestar infantil, sino también la esperanza de que otro mundo alternativo a la opresión neoliberal globalizante es posible (Barudy y Dantagnan, 2005)3.

Muchos padres tienen claro que tratar bien a sus hijos es proporcionarles alimentación, estructura y orden normativo en casa (con consecuencias sobre sus conductas), y valores y educación en un colegio acorde con dichos valores. ¿Y la educación afectivo-emocional? Ningún padre contempla no dar de comer a sus crías, pero… ¿y proveerles de sustento afectivo? Esto es más difícil de definir y de operativizar, pero no cabe la menor duda de que es una necesidad de todo ser humano, sobre todo en la etapa infantil.

La afectividad para algunos padres puede equivaler a malcriar a los niños (muchos padres escuchan de los suyos propios que tomar en brazos a su bebé no es bueno porque entonces el bebé se acostumbra; del mismo modo, les dicen que es necesario dejarlo llorar y no consolarlo porque, si no, no le disciplinan). Con lo cual estos reproducen y transmiten transgeneracionalmente a sus crías lo que aprendieron de sus propios padres: la afectividad no es necesaria en el desarrollo infantil e incluso puede ser negativa. Cuando en realidad un bebé y un niño necesitan del contacto para poder calmarse y regularse emocionalmente.

Esta idea, aún extendida socialmente, está equivocada. La neurociencia actual ha descubierto y demostrado que un nivel de afecto temprano es clave para un desarrollo futuro sano, reduciendo así el riesgo de desarrollar patologías mentales (Maselko et al., 2010; Gerhardt, 2016)4. Con lo cual, tenemos que cambiar la mentalidad y considerar la afectividad como una necesidad que estimula el crecimiento del cerebro y la conectividad de las neuronas. Del mismo modo que todos entendemos que una buena alimentación es clave para que los niños crezcan y se desarrollen físicamente de una manera adecuada, la afectividad es el alimento que el cerebro también precisa para una óptima configuración, además de ser necesario desde el punto de vista psicológico y de la salud, entendida desde una concepción basada en el bienestar integral del ser humano.

Así pues, para organizar su cerebro y desarrollarse, los niños necesitan, desde el inicio de sus vidas, sentir de sus padres o sus cuidadores (Barudy y Dantagnan, 2005)5:

El contacto físico, en forma de caricias.

Palabras que transmitan una melodía amorosa.

Comportamientos constantes y coherentes que sean capaces de calmar la excitación provocada por sus estados de necesidad.

Una estimulación permanente que tenga en cuenta la singularidad de su desarrollo.

Los niños necesitan ser educados con amor, que no es incompatible con la autoridad.

Los niños necesitan construir una identidad individual y social a partir de relatos coherentes, verídicos y respetuosos con los derechos humanos.

Por lo tanto, cuando tratamos bien a los niños les proporcionamos una experiencia prolongada de amor, cuidados y seguridad necesaria para que pueda orquestarse el neurodesarrollo, el cual, aunque sigue un programa genético, es totalmente dependiente del entorno (Cozolino, 2017)6. Desechemos la idea, aún imperante en muchos padres y en profesionales del mundo educativo y de la salud mental, de que los niños se desarrollan por sí mismos y de que las experiencias relacionales que viven en sus primeros años de vida no son importantes para la creación y el desarrollo del cerebro y la mente humanas.

Concluimos, junto con Barudy y Dantagnan (2005)7, afirmando lo siguiente: «no cabe ninguna duda de que el propio desarrollo cerebral depende de los cuidados y de los buenos tratos que cada persona haya recibido en su niñez como en su vida adulta».

Para seguir profundizando en el tema, os remito a los libros de Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan (2005; 2010)8. Para nuestro propósito, ya hemos cumplido el objetivo de este epígrafe, que no es otro que el de constatar la enorme trascendencia que tienen los buenos tratos para todo ser humano. El cerebro es un órgano social y extremadamente sensible y vulnerable a factores estresantes que, sostenidos en el tiempo y desbordando los recursos de las personas para hacerles frente, lo desregulan neuroquímicamente. En el caso de los niños, estos, al contar con menos herramientas psicológicas para lograr la autorregulación emocional ante el estrés, y al ser dependientes de los adultos para conseguirlo (más cuanto más pequeños son), la capacidad que tienen por sí solos de alcanzar ese equilibrio neuroquímico cerebral es mucho menor. Por ello, cuando protegemos a los niños a edades tempranas se puede afirmar que los neuroprotegemos, pues sus sistemas de regulación psicofisiológica y neuroquímica se están formando y solo aprenderán a modularlos con adultos sensibles y empáticos, de quienes aprenden gracias a su permanencia a lo largo de su desarrollo (Gerhardt, 2016)9.