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BREVE HISTORIA DE
JESÚS DE NAZARET

BREVE HISTORIA DE
JESÚS DE NAZARET

Francisco José Gómez

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Colección: Breve Historia
www.brevehistoria.com

Título: Breve Historia de Jesús de Nazaret
Autor: © Francisco José Gómez

Copyright de la presente edición: © 2009 Ediciones Nowtilus, S.L. Doña Juana I de Castilla 44, 3º C, 28027 Madrid
www.nowtilus.com

Editor: Santos Rodríguez
Coordinador editorial: José Luis Torres Vitolas

Diseño y realización de cubiertas: Universo, Cultura y Ocio
Diseño del interior de la colección: JLTV
Imagen de cubierta: Cristo de la cruz a cuestas, de Sebastiano de Piombo (1532 - 1535). Museo del Prado de Madrid (no expuesto). Colección Real.

Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra está protegido por la Ley, que establece pena de prisión y/o multas, además de las corres pondientes indemnizaciones por daños y perjuicios, para quienes reprodujeren, plagiaren, distribuyeren o comunicaren públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la preceptiva autorización.

ISBN-13: 978-84-9763-706-0

Libro electrónico: primera edición

Es mi deseo dedicar este libro
a los seis de la lealtad y
la perseverancia, así como a la
memoria de Daniel, por su constante
preocupación por nosotros.

ÍNDICE

AGRADECIMIENTOS

PRÓLOGO

INTRODUCCIÓN

Capítulo 1: TESTIMONIOS ESCRITOS

JESÚS DE NAZARET, ¿SUJETO HISTÓRICO O PERSONAJE DE FICCIÓN?

CERTEZAS SOBRE SU EXISTENCIA: LAS FUENTES LITERARIAS NO CRISTIANAS

El rostro de Jesús

LAS FUENTES LITERARIAS CRISTIANAS

EL PROCESO DE FORMACIÓN

¿QUÉ SON LOS EVANGELIOS CANÓNICOS Y CUÁNDO SE ESCRIBIERON?

LOS EVANGELIOS APÓCRIFOS

VALOR HISTÓRICO DE LOS ESCRITOS

El evangelio de Judas

Criterios de historicidad

Capítulo 2: PALESTINA EN TIEMPOS DE JESÚS

DIVERSO Y DIFÍCIL PANORAMA POLÍTICO

UNAS PODEROSAS INSTITUCIONES RELIGIOSAS

LA DIVERSIDAD DE FORMAS DE ENTENDER LA RELIGIÓN

La esperanza mesiánica del pueblo elegido

UNA ECONOMÍA POBRE MARCADA POR EL MEDIO

LA SOCIEDAD PALESTINA DEL SIGLO I D.C.

Y COMO RESULTADO UNA SITUACIÓN TENSA DEL PAÍS

Capítulo 3: NACIMIENTO E INFANCIA DE JESÚS, UN TEMA COMPLEJO

JOSÉ Y MARÍA, LOS PADRES DE JESÚS

LA FECHA DEL NACIMIENTO

EL COMPLICADO ASUNTO DEL CENSO QUE NUNCA EXISTIÓ

EL CENSO QUE SÍ PUDO EXISTIR

¿PUDO NACER EN BELÉN?

¡Y UNA ESTRELLA SEÑALÓ EL LUGAR!

LA APARICIÓN DE ESTRELLAS, UN HECHO HABITUAL EN LA ANTIGÜEDAD

LA ESTRELLA DE BELÉN, UN FENÓMENO CONSTATADO

LOS MAGOS DE ORIENTE, UNOS PERSONAJES ENIGMÁTICOS

LA MATANZA DE LOS INOCENTES

Jesús el nuevo Moisés

LA FORMACIÓN QUE RECIBIÓ JESÚS DE NAZARETH

¿SABEMOS SI TUVO HERMANOS?

UNA BREVE REFLEXIÓN

Capítulo 4: VIDA PÚBLICA

JUAN BAUTISTA, EL PROFETA AL QUE ESCUCHÓ JESÚS

JUAN Y JESÚS, ADMIRACIÓN Y DISTANCIA

LOS PRIMEROS PASOS DE JESÚS

DEL DESIERTO A LA SEPARACIÓN DE JUAN

LOS DISCÍPULOS DE JESÚS

TRES ELEGIDOS DE ENTRE LOS DOCE

PEDRO, EL PRIMERO DE LOS APÓSTOLES

MARÍA MAGDALENA, UNA DISCÍPULA FIEL Y SOLO ESO

¿Estuvo casado Jesús?

LAS ENSEÑANZAS DE JESÚS

LOS MILAGROS DE JESÚS

LOS PRODIGIOS EN EL MUNDO ANTIGUO Y EL SENTIDO DE LOS MILAGROS DE JESÚS

¿JESÚS REALIZÓ MILAGROS VERDADERAMENTE?

Cristo el mago

LOS ENEMIGOS DE JESÚS

¿QUÉ PENSABA JESÚS DE SÍ MISMO?

JESÚS, EL HIJO DE DIOS

JESÚS, EL HIJO DEL HOMBRE

JESÚS, EL MESÍAS

Capítulo 5: LOS ÚLTIMOS MESES

LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO, UN ARGUMENTO MÁS PARA LA CONDENA

SU ÚLTIMA SEMANA DE VIDA

LOS GESTOS DE UN MESÍAS

LA ENTRADA TRIUNFAL EN JERUSALÉN, EL MESÍAS RECONOCIDO POR SU PUEBLO

LA EXPULSIÓN DE LOS MERCADERES DEL TEMPLO, UN GOLPE AL CORAZÓN DE ISRAEL

LA PASIÓN DE JESÚS

EL PRENDIMIENTO Y EL JUICIO DE UN MESÍAS

Poncio Pilato

EL MESÍAS AL QUE SE DENOMINÓ REY

LA MUERTE EN LA CRUZ DE UN MONARCA

Capítulo 6: RESURRECCIÓN

Capítulo 7: CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA

AGRADECIMIENTOS

Durante estos años de trabajo muchas han sido las personas que se han interesado por el desarrollo de este libro, a todas ellas mi gratitud por sus atenciones. De manera destacada quiero agradecer la labor desinteresada de Santos Crespo Ortíz de Zárate y María de los Ángeles Alonso Ávila, por las facilidades que me dieron para profundizar en el tema, accediendo a una bibliografía más especializada. A Eloy Bueno, por su disponibilidad para atender mis demandas y dudas en conversaciones de fin de semana. También quiero traer hasta aquí a Nacho Ares, por su apoyo incondicional y material a mis proyectos; a Virginia, por su inestimable labor fotográfica; a Javier Mijangos, por la elaboración, siempre contra el reloj, de los mapas y dibujos del libro; y a Jorge Manuel, que aunque ocupadísimo en múltiples labores encuentra un hueco para conversar y apoyar la labor de un amigo. A todos ellos mi reconocimiento y gratitud.

PRÓLOGO

Es casi un tópico recurrente decir que el personaje sobre el que más se ha escrito a lo largo de los siglos es Jesús de Nazaret, pero no por ello deja de ser cierto que su influencia es visible en gran parte de nuestro planeta. Jesús es la única persona que ha sido capaz de dividir la historia de la humanidad, en un antes y un después de su nacimiento, y a Él que se dirigen en oración millones de personas cada día. Más de dos mil millones de cristianos, cerca de la tercera parte de la población mundial, lo llaman Jesucristo y lo consideran Hijo de Dios, “engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre” (Credo Nicenoconstantinopolitano) y aún los no cristianos reconocen en Él, al menos, a un líder espiritual realmente grande…

Y sin embargo, en los últimos tiempos, hemos leído en algunos libros, aparentemente muy serios, que es un personaje desconocido del que no sabemos nada o casi nada. ¿Cómo es posible? ¿Estamos siguiendo, o adorando, a un fantasma? ¿Quién es Jesús? ¿Son fiables las fuentes que nos dicen cómo fue su paso por la tierra?

Estas preguntas no son realmente tan antiguas como cabría pensar, el primer libro que se planteó la existencia real de Jesús fue escrito por un profesor alemán de lenguas orientales llamado Hermann Samuel Reimarus y publicado póstumamente en 1778 con el título de Apología de los adoradores racionales de Dios.

Este texto,basta con ver su título, se alineaba con la posición de quienes pretendían poder explicar “racionalmente” la existencia de Dios y para ello veían necesario eliminar todos los añadidos “oscurantistas” que habrían empañado la verdadera concepción de la divinidad y, especialmente, las supuestas deformaciones que sobre la figura del carpintero de Nazaret habría mantenido la Iglesia a lo largo de los siglos.

Podría decirse que fue el inicio de una montaña de publicaciones de todo tipo que trataron este y otros argumentos parecidos. Pero a pesar de la cantidad de matices que sería justo establecer, podríamos agrupar en tres bloques las posiciones mantenidas por los autores en torno a Jesús. En general caben tres hipótesis: la hipótesis “critica”, la hipótesis “mítica” y la hipótesis “de fe”.

Para los “críticos” existió indudablemente un hombre llamado Jesús, pero no fue el que nos cuentan los evangelios. Sería un hombre poco corriente que habría sufrido un proceso de “divinización” impulsado por sus discípulos y demás seguidores, y que incluiría la atribución de milagros y resurrecciones de muertos. Para estos autores es indiferente si el nazareno fue un sabio, un loco o un predicador exaltado, porque no sabríamos como fue su vida realmente.

Frente a estos se encuentran los “míticos”. Entre ellos hay dos corrientes, la escuela mítica “radical” que considera que Jesús no existió y la escuela mítica “atenuada” que entiende que un hombre llamado Jesús pudo haber existido, pero tanto en un caso como en otro coinciden en afirmar que desde mucho tiempo antes del nacimiento del cristianismo ya existía el mito con el que se vistió al Jesús de los evangelios. Casi se atreven a decir que “el mito se hizo hombre” al aplicarse a un sujeto concreto, existiera o no… Aquí entrarían todas esas teorías que nos hablan del mito de Osiris y de la renovación natural de la naturaleza como antecedente de la muerte y resurrección de Cristo, y otras varias.

Por último se plantea una tercera posibilidad, la que se ha dado en llamar la “hipótesis de fe” que agruparía las posiciones de quienes entienden que los textos evangélicos y otras fuentes nos proporcionan información suficiente para reconstruir como fue realmente la vida de Jesús. Esta es la postura oficial de las confesiones cristianas, pero ello no implica que exista unanimidad en torno al valor más o menos literal de los textos. Mientras que para algunas confesiones evangélicas la literalidad del evangelio es algo indiscutible, otras denominaciones interpretan los hechos evangélicos con absoluta flexibilidad. La iglesia Católica, por su parte, considera verdades incuestionables los artículos del credo y los hechos fundamentales que narran los evangelios, pero mantiene una posición abierta al estudio de los especialistas y afirma que no es adecuada la interpretación íntegramente literalista.

¿Y en todo este panorama dónde encaja el libro que tienes, lector, en las manos? Te invito a descubrirlo por ti mismo, sabiendo que Francisco J. Gómez no quiere crear ninguna corriente nueva, sencillamente se plantea dar una visión diferente de los hechos de la vida de Jesús, acercando la humanidad del personaje al lector de nuestros días.

Es posible que a algunos les “choque” o incluso les escandalice el punto de vista del autor que prescinde de la divinidad del personaje para trazar su existencia como una evolución subjetiva y plenamente humana. No creo que sea eso lo que se pretende, pero es verdad que en la historia del cristianismo se ha insistido tanto en el carácter divino de Cristo que, a veces, se olvida que no es ninguna herejía estudiar a Jesús como hombre, pues estamos hablando de un personaje que fue también totalmente hombre.

El texto está dividido en cinco partes. En la primera se aborda las cuestión más elemental al hablar de la vida de Jesús, esto es, si existió o no. Queda clara la posición del autor, quien argumenta contra las teorías que niegan la existencia de Jesús y nos recuerda que hay fuentes tanto paganas como cristianas que mencionan su existencia. Valora también la fiabilidad de los textos evangélicos y la diferencia fundamental entre ellos y los mal llamados “evangelios” apócrifos. Es sorprendente que estos textos sean hoy día “tan populares” cuando la inmensa mayoría de los que los citan ni siquiera los han leído y apenas saben nada de ellos.

Las dos partes siguientes analizan “el marco de los hechos” o, lo que es lo mismo, el ambiente histórico, político, social y religioso en el que creció Jesús y las hipótesis que se plantean sobre su nacimiento e infancia.

Y las dos últimas partes abordan la vida pública del maestro de Nazaret y las causas y circunstancias de su Pasión y muerte, apartándose de visiones estereotipadas o esotéricas. Nos presenta a un Jesús realmente muy cercano, pero quizá lo más interesante sea comprobar, a través de una visión rigurosa y amena, que los datos históricos son mucho más próximos a los relatos evangélicos de lo que parece.

Es evidente que todo trabajo de estas características es discutible y que podrá ser más o menos compartida su visión, pero lo que no puede negarse es que Francisco J. Gómez ha hecho un esfuerzo innegable de clarificación y de divulgación sobre la figura humana de Jesús que merece ser conocida.

Jorge Manuel Rodríguez
Profesor de la Universidad de Valencia
Presidente del Centro Español de Sindonología

INTRODUCCIÓN

Seré breve. Vivimos en tiempos de zozobra para el saber, no es necesario abundar en esta idea. Pese a lo que digan algunas encuestas, periodistas y políticos, los niveles de ignorancia y desconocimiento de materias que forman parte de nuestra cultura van en aumento. En el caso de las Humanidades la situación se agrava con respecto a las Ciencias. El desprecio que muchos jóvenes y adultos muestran por el conocimiento es grande, acarreando, a la larga, serias consecuencias personales y sociales. En los últimos años he presenciado salas de conferencias con menos de diez alumnos en la universidad, adultos que no distinguen una novela de un libro de historia, y gentes que desprecian abiertamente el saber por el mero hecho de carecer de él. Me gustaría poder decir que son excepciones, pero en cuanto comento estos casos con algunos amigos que me hacen apreciaciones semejantes, con cluyo que el mal se extiende.

A este respecto especialmente grave me parece el caso de la cultura religiosa en nuestro país. Dejando a un lado las creencias personales, el cristianismo ha formado parte esencial de nuestra historia. Intentar comprender esta sin su aportación, tanto en positivo como en negativo, el origen de nuestras festividades, muchas de las obras de arte que se exponen en nuestros museos, o buena parte de nuestra concepción de la vida y la muerte es absurdo e imposible. Sin embargo, ley educativa tras ley educativa, hay quien se ha empeñado en que esto fuera así.

Hoy estamos en un punto en el que un simple relato como El Código Da Vinci genera opinión sobre la vida de Jesús. Sus “informaciones”, si es que se las puede denominar así tratándose de una novela, están para muchas personas a la misma altura que las teorías expuestas en un ensayo histórico. Su éxito ha dado lugar a la proliferación de una literatura de este tipo que, dada la pérdida de conocimientos de la población a este nivel, ha generado una gran confusión sobre la realidad histórica de Jesús de Nazaret, del que ya no se sabe si fue judío o romano, hipnotizador o curandero, un ser real o una creación literaria.

Este pequeño libro pretende, aunque sea presuntuoso decirlo, devolver al personaje parte de la dignidad que le ha sido arrebatada. Por ello, y basándome en los estudios de los investigadores más serios y rigurosos, he intentado trazar los rasgos más importantes de la vida, la personalidad y la predicación del carpintero de Nazaret. En ocasiones ante la cantidad de teorías, históricas y académicas siempre, que se barajan he optado por exponer un abanico de ellas, a fin de que el lector pueda comprender la riqueza que hay detrás de la investigación sobre el personaje, así como juzgar por si mismo, si es que se considera preparado para hacerlo, la validez de cada uno de los argumentos. No he querido dejar pasar la oportunidad de rebatir, con los argumentos que aporta la comunidad científica, las nuevas teorías sin fundamento que han nacido al calor de teorías ocultistas e indemostrables y del negocio editorial. Solo espero haber alcanzado mi objetivo y que el libro se convierta en una fuente de información y placer para todos aquellos que deseen recuperar a una de las figuras más emblemáticas de la historia, Jesús de Nazaret.

Francisco José Gómez Fernández
Medina de Pomar, enero del 2009

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TESTIMONIOS ESCRITOS

JESÚS DE NAZARET, ¿SUJETO HISTÓRICO O PERSONAJE DE FICCIÓN?

Hacernos hoy la pregunta de si Jesús fue un personaje histórico, o si por el contrario fue fruto de la imaginación de un autor, parece absurdo y fuera de lugar. Sin embargo, y hasta hace no mucho, existió una corriente de investigación histórica que defendía que Jesús había sido una creación literaria, encaminada a difundir la fe en una nueva divinidad salvadora, lo suficientemente atractiva como para que arraigase entre la población una novedosa fe, elaborada por un peculiar grupo religioso. Los primeros investigadores en poner en duda la existencia real del Nazareno surgieron a finales del siglo XVIII y hasta principios del siglo XX sus planteamientos siguieron contando con seguidores. Su principal argumento se hallaba en las divergencias que, sobre la vida del carpintero de Nazaret, presentaban los cuatro evangelios1. Actualmente, la profusión de determinadas novelas sensacionalistas, y publicaciones de escaso rigor histórico, han reabierto el debate, hasta el punto de celebrarse en España un curso2 en el que la cuestión ha sido abordada por historiadores, y estudiosos de otras disciplinas, con el resultado ya probado y conocido: Jesús fue un personaje histórico3.

CERTEZAS SOBRE SU EXISTENCIA: LAS FUENTES LITERARIAS NO CRISTIANAS

La principal evidencia de la existencia real del personaje está en las diversas menciones que existen sobre el mismo en fuentes históricas de gran antigüedad totalmente ajenas al cristianismo. Estas referencias son escasas y breves, pero poseen gran valor pues históricamente son auténticas y muy significativas.

Entre los autores romanos encontramos algunas alusiones a Christus en una carta que el gobernador de Bitinia4, Cayo Plinio el Joven, dirigió a su emperador y amigo Trajano, en el año 111 (Epístola 1, 10, 96). En esta explicaba al soberano quienes eran los cristianos y pedía instrucciones sobre como actuar con ellos. Diez años más tarde era el historiador Suetonio (Vida de Claudio 25,4) el que hablaba de un tal Chrestus, adorado por algunos judíos en Roma. A inicios del siglo II el también historiador Tácito (Anales 15, 44) se refería a los cristianos y a su fundador con motivo de las medidas tomadas por Nerón, tras el incendio de la capital del imperio.

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Barca del siglo I d.C. hallada, en el transcurso de una gran sequía, en el mar de Galilea. Popularmente se la conoce como La barca de Jesús.

En las fuentes judías encontramos dos testimonios especialmente reveladores, el primero de ellos procede del Talmud5, una recopilación tardía de las enseñanzas de los sabios de Israel:

En la víspera de la Pascua fue colgado Jeshu. Durante cuarenta días antes de que sucediera la ejecución, salió un heraldo y gritó: “Sale fuera para ser lapidado porque ha practicado la hechicería y ha incitado a Israel a la apostasía. Todo el que pueda alegar algo en su favor, que se presente y alegue algo por él”. Pero como nada se presentó a su favor, fue colgado la víspera de la Pascua. […]

El Talmud babilónico, Tratado Sanedrín 43ª

EL ROSTRO DE JESÚS

En el año 2001 la BBC produjo una serie documental de televisión titulada El Hijo de Dios. Esta producción centrada en la figura de Jesús contó con una novedad sorprendente. Usando calaveras judías del siglo I, a las que se las practicaba reconstrucciones del rostro por medio de ordenador, e imágenes de Cristo del siglo VI, la cadena británica anunció que había obtenido un retrato de Jesús, o cuando menos de la gente de su región, a la que debía parecerse.

La referencia histórica más conocida es el denominado Testimonium Flavianum, que se encuentra en la obra del historiador judío Flavio Josefo, publicada en los años 93-94 de nuestra era:

Por esta época vivió Jesús, un hombre excepcional, ya que llevaba a cabo cosas prodigiosas. Maestro de personas que estaban totalmente dispuestas a prestar buena acogida a las doctrinas de buena ley, conquista a muchos entre judíos e incluso entre los helenos. Este era el Cristo. Cuando, al ser denunciado por nuestros notables, Pilato lo condenó a la cruz; los que le habían dado su afecto al principio no dejaron de amarlo, ya que se les había aparecido al tercer día, viviendo de nuevo, tal como habían declarado los divinos profetas, así como otras mil maravillas a propósito de él. Todavía en nuestros días no se ha secado el linaje de los que por su causa reciben el nombre de cristianos.

Flavio Josefo, Antigüedades Judías

XVIII, 3,3; XX, 19, 1

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Imagen que en el año 2001 la BBC señaló como un posible retrato de Jesús en la serie documental de televisión titulada El Hijo de Dios.

Hemos de decir que el pasaje citado ha sido objeto de múltiples estudios. Teniendo en cuenta que el autor no era cristiano, y que en el texto prácticamente se hace una profesión de fe, se ha concluido que recibió algunas interpolaciones de un seguidor de Jesús. Por el contrario, algunos investigadores creen que, dado que el párrafo aparece en los múltiples manuscritos que se conservan de la obra, que las variaciones entre los mismos son mínimas y no alteran el sentido del texto, y que el estilo literario es el de Josefo, la cita es verdadera. En todo caso se considera probado que, cuando menos, la referencia histórica a Jesús es auténtica.

Por tanto, el análisis de las diferentes fuentes escritas no cristianas, y próximas al siglo I de que disponemos, ha arrojado como resultado un puñado de frases en las que se cita la figura de Jesús. El origen independiente de los textos entre sí, la antigüedad de los mismos y el diferente tratamiento que hacen del tema, corroboran que el carpintero de Nazaret fue un personaje real.

LAS FUENTES LITERARIAS CRISTIANAS

EL PROCESO DE FORMACIÓN

Jesús no dejó escritos sobre su existencia o doctrina, la actividad preferente a lo largo de su vida pública fue la predicación. De igual modo la principal labor que encomendó a sus seguidores, en el momento de su despedida, fue que hicieran lo mismo que él había hecho: “Id, pues, y hacedme discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado” (Mateo 28, 19-20). Así los apóstoles fundamentalmente se dedicaron a anunciar a las gentes el mensaje de Jesús, con el fin de provocar en ellas la conversión al evangelio.

En sus años iniciales de andadura, la Iglesia primitiva no recogió por escrito ni hechos ni dichos de la vida de Jesús, pues lo que realmente apremiaba era la conversión. Los apóstoles y discípulos estaban convencidos de que la Parusía o segunda venida de Jesús, y con ella el fin de los tiempos, era inminente, tanto que ellos mismos la presenciarían en vida. Con el paso de los años, y la evidencia de los hechos, esta idea fue perdiendo fuerza entre los primeros cristianos, que además se encontraron con que los apóstoles habían ido muriendo, en su mayor parte a consecuencia del martirio. Además, el número de comunidades iba creciendo y dispersándose por el mundo, y a ellas se incorporaban gran número de personas que no habían conocido a Jesús o si quiera a alguno de sus discípulos directos. Se hizo entonces necesario recoger los hechos y dichos del maestro, antes de que las personas que habían escuchado los testimonios que de primera mano habían dado los doce, fallecieran también. Así comenzó el proceso de redacción de los evan gelios.

Primeramente por las diferentes comunidades circularon hojas volanderas en las que se habían recogido dichos de Jesús y algunos hechos que sintetizaban su doctrina. Estos se habían recopilado a partir de los recuerdos de aquellos que habían recibido su predicación directamente de los apóstoles, y aunque la tradición oral pueda parecernos hoy una fuente de información poco fiable, lo cierto es que en la antigüedad la memoria era el medio más común de aprendizaje. Ya en los siglos VI-V a.C., el autor Simónides de Ceos había escrito una obra titulada Arte de la Memoria, lo que denota la importancia que se daba a esta forma de conservar el saber. Igualmente, con siete años, los niños griegos comenzaban a memorizar las obras de Homero. Entre los judíos pasaba los mismo, los discípulos de los rabinos del siglo I y II d.C. escuchaban las enseñanzas e interpretaciones que sus maestros impartían, reteniéndolas en su memoria para poder incorporarlas después a sus conversaciones e interpretaciones. De hecho es muy significativo el nombre que, en estos dos siglos, recibían los rabinos, “tannaim”, es decir, “los que repiten enseñanzas” (Puig, A., Jesús. Una biografía, 31 y ss.).

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Los evangelios canónicos son los escritos más antiguos acerca de Jesús. Todos ellos se redactaron antes de terminar el siglo I.

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La primera recopilación de dichos de Jesús es la denominada fuente Q, que lamentablemente no se ha conservado, aunque se ha reconstruido parcialmente.

La primera gran recopilación que se efectuó se cree que es la denominada fuente Q, nombre que procede del término alemán “Quelle”, que precisamente significa “fuente”. Se trata de una colección de sentencias de Jesús, aunque también aparecen algunos hechos, que sirvió de base para la redacción de buena parte de los evangelios de Mateo y Lucas. Su antigüedad se remonta, según algunos estudios, hasta el año 50 de nuestra era, apenas veinte años después de muerto el Nazareno, lo que da una gran fiabilidad a esta obra redactada, según todos los indicios, en el norte de Galilea.

Poco después y recogiendo los escritos dispersos y las tradiciones orales que circulaban en las diferentes comunidades se comenzaron a redactar los evangelios canónicos, todos ellos en el siglo I d.C.

¿QUÉ SON LOS EVANGELIOS CANÓNICOS Y CUÁNDO SE ESCRIBIERON?

El término “evangelio” procede del griego “evaggelion”, que significa “buena noticia” o “feliz men saje”. Es ta palabra se empleaba para anunciar una victoria o un gran suceso en la vida de un soberano. Una inscripción del año 9 a.C. encontrada en Pirene, Asia menor, emplea este término para celebrar el aniversario del nacimiento del emperador romano Augusto. El propio Jesús la usó con frecuencia en su predicación para designar el mensaje que quería transmitir: “Cumplido es el tiempo, y el reino de Dios está acercado; arrepentíos y creed en el Evangelio (Marcos 1, 15)”.

Los evangelios son libros en los que se recoge la vida de Jesús, su identidad, sus hechos, sus dichos y el significado que tuvieron sus palabras y acciones, con el objetivo de extender su mensaje y hacer que otros crean en él.

En este sentido podemos decir que son a la vez biografías y libros de fe, biografías al estilo grecorromano de la época, en las que lo importante era transmitir la identidad global del personaje. No son obras de historia tal y como las entendemos hoy, aunque persiguen ser fieles a lo que dijo e hizo Jesús, dado que su fin último era que los lectores le aceptasen como su Dios y Señor. De ahí que sean también libros de fe, pues la intención de los mismos es evidente: “…y estos (signos prodigiosos) han sido descritos para que creáis que Jesús es el Mesías, Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20, 31).

Los evangelios escritos han sido muchos, más de una veintena, aunque están divididos entre canónicos y los apócrifos. Ahora nos centraremos en los primeros. Los evangelios canónicos son aquellos que la Iglesia reconoció que transmitían fielmente la tradición de los apóstoles y por tanto estaban inspirados por Dios. Son cuatro: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. El canon o criterio que los fijó como auténticos estaba ya elaborado en el siglo II, tal y como comentó, hacia el 180 d.C., San Ireneo de Lyon (Contra las herejías, 3. 11. 8-9). En general no ha habido ningún cambio estando hoy día aceptado tanto por la Iglesia Católica como por las iglesias protestantes, nacidas de la reforma luterana del siglo XVI.

Estos cuatro textos, junto con la fuente Q, son los más antiguos que tenemos sobre la vida de Jesús, pues todos ellos se escribieron antes de acabar el siglo I d.C. Además inciden en aquellos aspectos de la biografía de su maestro que mejor conocían o más les afectaban y cuestionaban, dada la situación que vivían, de aquí, y de las diferentes tradiciones que circulaban en sus comunidades, las divergencias entre unos y otros evangelios.

El primero de todos ellos, y el creador del género evangélico, debió ser el de Marcos, un seguidor de Pedro, escrito hacia el año 70, en el que se recoge la predicación de ese apóstol en Roma. El autor incide en la figura de Jesús como hijo de Dios que se manifestó a través de sus actos, sobre todo sus milagros. Lucas, discípulo de Pablo, debió escribir el suyo hacia los años 80-90 para las comunidades de paganos que se habían convertido. Su fin era presentar a Cristo como Dios que visita a su pueblo y le manifiesta su amor. Mateo redactó su obra en fechas similares a Lucas, aunque lo hizo para comunidades de judíos que se habían convertido al cristianismo, por eso su principal rasgo es el cumplimiento de las profecías y escrituras judías en la figura de Jesús. En concreto este grupo debía estar muy presionado por los fariseos de Jamnia6, de ahí que Mateo hiciese hincapié en los ataques del Nazareno a este grupo.

A estos tres primeros evangelios se les denomina sinópticos, por tratarse de obras que presentan similitudes lo bastante destacadas como para que se puedan poner muchos de sus pasajes en paralelo y ver así las coincidencias que tienen. A fin de intentar explicar la cuestión se han elaborado diversas teorías. De manera muy sucinta diremos que, es muy posible, que los autores de estos 3 evangelios tuvieran acceso a un grupo de textos comunes sobre la vida de Jesús, llamado tradición triple. Mientras Mateo y Lucas tuvieron acceso a la fuente Qfuente Q,